Experiencia de Chere Gil

Desde que en Link Soluciones anunciaron que haríamos un viaje solidario al continente africano, lo tuve claro. Yo quería ir. De hecho, fui de las primeras que se ofreció. Desde siempre he tenido la necesidad de hacer todo lo que esté en mi mano por contribuir y ayudar al que más lo necesita y aportar mi granito de arena.

Con esta experiencia tenía la posibilidad de vivir en persona lo que tantas veces había visto por televisión, redes sociales o me habían contado distintas personas…y que, por una cosa u otra, nunca me terminaba de decidir a dar el paso de colaborar activamente.  

Felizmente, la primera vez que la empresa fue, tuve la oportunidad de acompañar a mis compañeros en la aventura. Era la primera vez que visitábamos el continente con este propósito, y es cierto que la primera vez nunca se olvida y es de las más especiales.

De hecho, todos éramos inexpertos y aunque recabamos información acerca de la zona, de las costumbres y de las personas que habitaban allí, tenía el respeto de no saber realmente lo que una se iba a encontrar a la llegada.

Nada más salir del avión, me impactó el aeropuerto con la temperatura que hacía, mucho calor y humedad. El primer lugar al que fuimos fue el Colegio Canarias Lamin, donde nos recibieron un grupo de niños con abrazos y caras de felicidad. Esa primera imagen no la olvidaré nunca, en ese momento tomé conciencia de dónde estaba. Y nuestra experiencia sólo acababa de empezar.

Da igual a dónde fueras, siempre te encontrabas niños y te recibían de la misma manera. Esas sonrisas, al ver a voluntarios como nosotros, fueron uno de los mejores regalos que tuve cada vez que visité África. Y no solo eran los niños, cualquier persona de cualquier edad de ese país transmitía una energía positiva y su sonrisa rara vez desaparecía de su rostro. Una lección de vida para todos los que fuimos.

Hay varios momentos que nunca se borrarán de mi memoria, entre otros los siguientes: ver la cara de felicidad de un niño al regalarle un simple globo y ofrecerle un vaso de leche; la forma de agradecernos lo que les dábamos a través de la música, cantando preciosas canciones llenas de amor; la capacidad de protección y cuidado entre los niños, sin ni siquiera conocerse, para que todos pudieran disfrutar de los detalles que les ofrecíamos. Y la verdad es que te dan una lección con cada gesto que tienen.

He estado cuatro veces en este magnífico continente llamado África y cada una de las veces lo he disfrutado de manera distinta y en cada una de ellas he aprendido distintas lecciones, pero he de decir que, como la primera vez, ninguna.

Si algo me llevo de estos viajes realizados a Gambia, es que ahí te das cuenta de que es lo realmente importante. Un niño por tener un simple globo, puede ser el niño más feliz del mundo y por lo contrario, muchas veces nosotros, que lo tenemos todo a nuestro alcance, siempre queremos más y todo nos parece poco.

Principalmente, cuando uno hace un voluntariado aprende a apreciar en mayor medida las cosas que tiene en el día a día y que no le parecen importantes, como que salga agua de un grifo o un techo bajo el que dormir.

Desde la primera vez que regresamos de Gambia, teníamos claro que nosotros queríamos ir más allá, no solo colaborando con distintas asociaciones, sino queríamos poder realizar todo lo que estuviese en nuestras manos. Teníamos en mente varios proyectos y así fue como decidimos dar el paso de crear nuestra propia fundación.

Fuimos varios los voluntarios que decidimos ser parte de la Fundación LinKids; de una manera u de otra África nos había cambiado la vida y sentíamos que nuestra experiencia no podía terminar así, porque ayudar es un camino que se construye paso a paso y, una vez que entras en esta dinámica, todo lo que hagas, nunca te parece suficiente.

Si algo tengo claro, es que África me cambió la vida y ya no veo la hora de volver a esa tierra y ver las sonrisas de los niños, esas sonrisas que hace que se te olvide todo y que te enseña que es lo que realmente importa.

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